El Poder de las palabras

En un cierto pueblo de China, existía un joven cocinero que, debido a sus excelentes habilidades con la cocina, podía ser bastante engreído y altanero. Este joven, estaba convencido de que era el mejor. Dejándoselo muy en claro a todos los demás del pueblo.

Pero un cierto día, había regresado al pueblo, un famoso cocinero mundial, que, debido a su vejez, deicidio retirarse de la cocina y descansar. Al joven cocinero le molestaba mucho la atención con la que todos trataban a ese anciano, pues, era viejo, sus arrugadas manos no podrían cortar ni un tomate. Ya no era un gran cocinero.

Por lo que, emocionado y algo envidioso, decidió demostrar que era el mejor. Retando al pobre anciano, a un duelo culinario. El anciano acepto, le parecía divertido, pues, no dejaba de observar al joven cocinero, quien no dejaba de parlotear, de lo bueno que era. Así que, tranquilamente el anciano le dijo al joven, pero arrogante cocinero:

-Veo que las palabras para ti, son el arma más poderosa. Mejor que tus propias habilidades en la cocina.

El joven cocinero muy enojado le dijo:

-Solo un viejo como tú, que tiene miedo a la derrota, usaría tal comentario.

El viejo se hizo el sordo, y empezó a cocinar. Mientras que el joven solo se dedicaba en gritarle e insultarle. Cuando este observaba que, sus palabras e insultos no tenía efecto en el anciano, más se enfadaba, dejando quemar las cosas y haciendo un verdadero desastre. Sintiéndose aún más frustrado, por los halagos que el anciano recibía de parte de todos y él no.

Una vez la batalla terminó. El anciano fue nombrado “ganador”, por lo que, el joven cocinero muy enojado, pero más que nada deprimido, se acercó y le preguntó al anciano:

– ¿No escuchabas qué te estaba insultando?

El anciano sonriente le contesto:

  • No escuche tus insultos, estaba ocupado escuchando las palabras de aliento de mis amigos.

 

Reflexión.

Las palabras tienen mucho significado, pueden doler más que un golpe o una derrota. Pueden hacerte feliz y reír, así como pueden hacerte enfadar y llorar. Podemos arreglar muchos corazones con las palabras, así como sonrisas en los rostros. Siempre debemos de usarlas de forma correcta, no es bueno amargar la existencia ajena, a costa de nuestra propia arrogancia. Debemos decir exactamente lo que queremos que nos digan.