Los dioses de luz

Fuente | Freepik Premium

Hace siglos en chile habitaban unos indios llamados mapuches. Ellos vivían en cuevas donde se guarecían cuando el sol se ocultaba y no salían de allí hasta la mañana siguiente, porque le tenían miedo a la oscuridad.

Cuando llegaba la noche, ellos se encomendaban a sus dioses, para que nada malo les pasara durante la noche. Cheruve era el dios de los volcanes, el sol y la luna eran los dioses buenos y dentro de las grutas en una bóveda se resguardaban los abuelos que formaban un grupo de estrellas.

Todas las mañanas los indios salían de las cuevas a recolectar frutos y vegetales que la naturaleza fielmente le ofrecía, que eran su único alimento. No conocían ninguna otra forma de alimentarse ya que no conocían el fuego.

En pocas ocasiones cazaban o pescaban algún animal y se comían su carne cruda, ya que ellos no sabían cómo cocinarla. Su dieta se basaba en frutas, vegetales y carne cruda. Al dormir lo hacían abrazados unos a otros, por que no tenían manera de calentarse.

Entre los indios vivía Caleu, un joven que le gustaba admirar las estrellas en el firmamento y todas las noches se sentaba en la entrada de su gruta a ver cómo iban  apareciendo una a una. Alzaba su vista al cielo y le daba gracias a sus dioses por el día.

Una noche salió como era su costumbre y se asustó mucho, al ver una estrella algo diferente. Era de un dorado muy brillante y  esta tenía una gran cola, parecía que iba cayendo a lo lejos. El joven indio del susto se metió a dormir y no le contó nada a nadie.

Días después a él se le olvido lo que había visto y siguió con su rutina como si nada hubiese pasado. Un día muy temprano, las mujeres de las grutas, junto a sus hijos subieron a la loma donde estaban los árboles  frutales, para recolectar hacer la comida y guardar para el invierno que se acercaba.

Estaba el día tan lindo y apacible que el tiempo transcurrió sin que nadie se hubiese dado cuenta. Los niños jugaban, las mujeres conversaban, las jóvenes recolectaban las frutas y vegetales. Todos les daban gracias a los dioses por la provisión de alimento que le permitían conseguir.  Todo en completa normalidad.

El día se fue alejando y comenzó a oscurecer, a lo que las mujeres se asustaron y no pudieron ver el camino de regreso por lo espeso de la oscuridad. Se refugiaron todas muy juntas cerca de unas piedras, y desde allí vieron como caía otra estrella como la que vio Cheruve.

Esta estrella al chocar con los arboles ilumino con su fuego, todo el lugar y le brindo al grupo de indios un poco de calor, lo que hizo a su vez que los hombre desde las grutas pudieron ver el lugar exacto donde ellas estaban. Una de las mujeres tomó una rama seca y la acercó al fuego convirtiéndola en una antorcha.

Así pudieron iluminar el camino de vuelta a casa. Al llegar, le contaron a los hombres lo que había sucedido y como el fuego no era malo, porque les había dado calor e iluminación. De esta manera los mapuches conocieron el fuego.

De profesión técnico informático, pero durante mi tiempo libre un apasionado de la lectura así como del deporte. Busco fomentar la educación en los mas pequeños, y los no tan pequeños con artículos didácticos y bien documentados.