Lobo con piel de cordero

Hace mucho tiempo en alguna provincia, cuyo nombre no puedo recordar, habitaba un astuto y hambriento lobo con unas ansias enormes de comerse una oveja de un rebaño que quedaba en las cercanías de su hogar. Sus planes de alimentarse de este animal se veían frustrados una y otra vez por el pastor de este rebaño, un hombre de edad media, que se mantenía sumamente atento a su rebaño.

 

El lobo no lograba, por más que lo intentaba, hacerse con esa oveja que anhelaba tanto que hacía que sus fauces se llenaran de baba cada vez que se imaginaba a si mismo devorando ese tremendo y suculento banquete.

 

Torturado con la idea de alimentarse, el lobo, en una chispa de ingenio, sorpresivo hasta para sí mismo, maquino un plan que pensó infalible.

El plan del astuto lodo consistía en cambiar su apariencia, de manera que se le hiciese más fácil acercarse a su indefensa presa sin que el atento pastor lo notase y en el momento preciso ¡Saz! Se comería a esa oveja que venía queriendo degustar hace ya tanto tiempo. De tan solo imaginarlo las tripas del lobo empezaron a contorsionarse y a hacer los típicos sonidos de un estomago hambriento.

 

Sin más, el lobo, se dio a la tarea de encontrar el disfraz perfecto para su macabro plan, por lo que salió al bosque en búsqueda de la piel que le permitiera pasar desapercibido al ojo atento del pastor de aquel rebaño. Para su sorpresa no le fue nada difícil, pues en su paseo por el bosque se topó con una piel de oveja ¡Perfecto! –Pensó- Con esta piel no hay manera de que ese viejo pastor se dé cuenta de que me he colado en su rebaño.

 

Al instante, se puso la piel, que le calzaba perfectamente, se acercó sigilosamente al rebaño y se hizo pasar por una oveja más pastando durante la tarde.

 

– ¡Lo he logrado, el pastor no me ha notado! Mi plan es perfecto, esta noche me la cena será una gorda y jugosa oveja.

 

Se empezaba a poner el sol cuando el pastor, para proteger al rebaño, lleva a las ovejas a la parte de la granja pensada para que estas pasaran la noche y asegura con todo cuidado la puerta. El lobo, entusiasmado por la efectividad de su plan, piensa – “ahora solo debo esperar a que el pastor se duerma y me llevaré a la oveja más gorda para mi festín”.

 

Pero había algo que el astuto lobo no se veía venir. Esa noche, el pastor estaba en la búsqueda de la comida para el día siguiente de su familia, por lo que fue donde estaba su rebaño y sin pensarlo dos veces se hizo con el lobo pensando que era una oveja más y lo sacrificó en ese mismo momento.

Aun sin notar que lo que había matado era un lobo, el pastor, llevo la supuesta oveja a la casa para que su esposa lo cocinase, fue entonces cuando la mujer se dio cuenta de que su esposo no había traído un cordero, ¡había traído un lobo! Asombrada, corre a buscar a su esposo que se encontraba recostado en el sillón descansando de la ardua jornada del día. Al llegar el pastor reconoció al instante al lobo que había estado intentando insistentemente atacar a las ovejas de su rebaño y se alegró al darse cuenta de que le había matado. Sin darse cuenta se había librado de aquella amenaza que asechaba a sus ovejas día tras día.

 

Recuerda siempre tener mucho cuidado, pues las apariencias engañan. Mejor no aparentes lo que no eres a no ser que quieras acabar como el lobo de esta historia.