La leyenda de la medusa y el mono

Cuenta la leyenda que el Rey Rin-Jin, Rey de los mares, se había casado con una joven y hermosa Princesa Dragón, pero cuando había pasado poco tiempo después del casamiento, llevaban unos pocos meses casados, la reina cayó enferma. Se acercaron muchos médicos que intentaban curar a la Joven reina, pero numerosos fueron los consejos que se le dio y aún más los remedios que le ofrecieron, más sin embargo la princesa no daba señal de mejorar. El estado de la reina empeoraba conforme pasaban los días.

La reina se lamentaba diciendo

-¡Oh! ¡Existe solamente un remedio que puede curar realmente esta enfermedad que me golpea día tras día!

El rey de mar le preguntaba

-¿Cuál es reina mía?

-Comer el hígado de un mono. En cuanto me haya alimentado de él toda mi salud volverá. ¡Oh! Por favor te lo ruego querido, consígueme el hígado de un mono, puesto que no conozco nada mejor que pueda aliviar mi sufrimiento de esta enfermedad.

Así pues, para cumplir el deseo de su reina, Rin-Jin mando a llamar a Medusa diciéndole en cuanto estuvo en su presencia:

-¡Medusa! Quiero que nades, lo más pronto posible a la costa, y que al regresar traigas contigo a un mono vivo, pues necesito su hígado, ya que es este el único remedio que puede liberar a mi amada reina de su enfermedad. Tú eres el único ser que puede realizar este trabajo, ya que tus pies fueron hechos para caminar por la arena. Ya cuando estés ante el mono, háblale de las maravillas que encontrará aquí, de las riquezas que se esconden en el fondo del mar, y de la belleza que es ver el palacio del rey del mar, con sus suelos de perla y paredes de coral.

Medusa estaba feliz de poder complacer a su rey y así ayudar para que la salud de su reina mejorara. No espero más y partió lo más rápido que pudo a encontrase con un mono el cual llevarle a la reina del mar. Pronto hubo llegado a una isla y se fijó en un lindo mono que estaba jugando a saltar por las ramas.

Medula le llamo:

-¡Hola! Sabes, esta isla es muy pequeña y es tan simple, te debes de estar aburriendo de vivir aquí. En cambio yo vivo en el reino de los mares y nuestro Rey Rin-Jin posee el palacio más hermoso y sin igual en tamaño, cuyos suelos son de perlas y sus paredes de coral. Me preguntaba si quieres venir conmigo, sube a mi espalda y te llevaré al reino de los mares con muchísimo gusto.

El mono encantado por la descripción de ese maravilloso reino, no se lo pensó más de dos veces y bajo del árbol en el que se encontraba jugando, y llegando a la orilla del mar, encontró una concha del animal marino y se montó en ella.

Una vez que se emprendieron su camino medusa habla con el mono durante el camino al reino de los mares:

-Por cierto, espero que traigas tu hígado.

A lo que el mono responde asombrado:

-¿Mi hígado? Esto resulta ser una pregunta muy personal, ¿Por qué me la estás haciendo?

Medusa en su torpe ingenuidad le dice al mono la situación en la que se encuentra su reina y que para, que esta mejore de salud, necesita el hígado de un mono. Y sin darse cuenta medusa le revela la razón por la que fue a la isla y por la cual había engatusado al mono para venir con ella.

-En cuanto lleguemos, uno de los médicos usara tu hígado para así elaborar una medicina que pueda hacer que mi reina mejore de salud

El mono asombrado le dice:

-¡Oh! Vaya, me lo hubieras dicho antes.

– De habértelo dicho, nunca hubieras acepta mi invitación de venir.

– Lo que pasa es que justamente en mi árbol, tenía almacenados varios hígados. Por eso te equivocas medusa, si me hubieras dicho antes todo esto, te hubiera ofrecido uno de los hígados que yo tengo. Si volvemos a mi isla te puedo dar uno.

Y de este modo, la ingenua medusa regresa con el mono a la isla. En cuanto estuvieron en la isla el mono salto de la concha marina y subió rápidamente a su árbol, subiendo cada vez más alto de rama en rama.

Y el mono riéndose de medusa le dijo

-¿Quieres mi hígado? ¡Tonta medusa, yo jamás te daré el mío?

Y así el mono desapareció entre las ramas de los árboles. Medusa muy avergonzada por el error que había cometido, volvió al palacio y le dijo los acontecimientos al Rey Rin-Jin, que el mono se había burlado de medusa y por ello no pudo traer el hígado del mono.

El rey molesto mando a que golpearan a la pobre medusa, hasta el punto de que no quedará ningún hueso intacto. De esta manera medusa perdió su fuerte caparazón, día desde el cual, todas las medusas fueron condenadas a tener cuerpo gelatinoso.