La espada de Damocles – leyenda y significado

La espada de Damocles es una metáfora que normalmente se utiliza cuando alguien con mucho poder se enfrenta a un peligro próximo o apremiante.

Esta imagen se ha vuelto famosa desde sus orígenes en el imperio Romano, a través del filósofo Cicerón, hasta llegar a nuestros días, sin haber perdido ni un ápice de popularidad para referirse a esta situación complicada que atañe a los poderosos cuando están enfrentados a un riesgo inminente.

Por eso, en este artículo, vamos a abordar todas las aristas relacionadas con esta popular metáfora que ha sobrevivido desde la roma imperial hasta nuestros días en todo el mundo occidental.

En La espada de Damocles, 1812 de Richard Westall, los jóvenes muchachos de la anécdota de Cicerón han sido sustituidos por vírgenes con un patrón neoclásico, Thomas Hope.
Fuente | Richard Westall [Dominio Público] – En La espada de Damocles, 1812 de Richard Westall, los jóvenes muchachos de la anécdota de Cicerón han sido sustituidos por vírgenes con un patrón neoclásico, Thomas Hope.

Historia de la espada de Damocles

El filósofo Romano Cicerón, relataba que Damocles era un cortesano que pertenecía al reino del dictador Dionisio I. Lo que explica la leyenda de Damocles consiste en que este era un vulgar adulador del rey, que en su más recóndito interior lo envidiaba profundamente por sus riquezas y su gran poderío.

A pesar de este inmenso poder, el rey Dionisio era famoso por su crueldad y maldad, lo que motivaba a los súbditos del reino a odiarlo de forma secreta. Damocles no se daba cuenta de esta situación, prestándole solamente atención a los privilegios y lujos que podía darse por su condición de mandatario.

En una ocasión, Damocles, ciego por la envidia hacia el rey, le aduló hasta el hartazgo diciéndole que debía ser muy feliz por poseer fama, dinero, joyas, mujeres, admiradores, etc.

Esto hizo que el rey se cansara de tantos halagos y le hizo una interesante propuesta a Damocles. Le dijo que, durante un día completo, lo autorizaría a vivir con sus mismos privilegios y disfrutando plenamente de todas sus riquezas y lujos. Pensando que solamente la opulencia generaba automáticamente la felicidad, acepto la propuesta sin ningún atisbo de duda.

Al otro día, de haber aceptado la propuesta, Damocles arribo al palacio del rey Dionisio y toda la servidumbre se desvivió para cumplir todos sus caprichos. De esta manera fue sentado en el mismísimo trono del rey y así transcurrió todo su día de gloria efímera asediado por bellísimas mujeres realizando danzas para su deleite, degustando manjares exquisitos, escuchando las más hermosas músicas, bebiendo los mejores tragos, etc.

Damocles estaba en éxtasis disfrutando de los mejores placeres carnales del mundo, pero en un momento de regocijo, en el cual estaba mirando al techo, vio una imagen que lo descoloco completamente. Justo encima de su cabeza observo colgar una espada afiladísima cuya púa casi lo rozaba.

Dicha espada se encontraba en suspensión sobre la crin de un inmenso caballo y que, por esta fragilidad, podría quebrarse acabando ipso facto con su existencia. Justo a partir del instante en el cual vio sobre su cabeza la espada, Damocles no pudo gozar más de las grandes diversiones que le proporcionaba el palacio del rey Dionisio.

El tirano que estaba mirándolo en todo momento le inquirió acerca de la causa de la molestia que sentía, y este le indicó que un grave riesgo pendía justo encima de su cabeza.

El dictador le dijo que sabía sobre el enorme peligro que amenazaba su existencia, pero que eso no tendría que preocuparlo, puesto que él, como rey, permanentemente estaba arriesgado a gravísimos peligros que potencialmente estarían listos para acabar con su vida.

A partir de esa ocasión Damocles logró percibir su equivocación, pidiéndole al tirano que lo dejase escapar.

De la misma forma, tomó conciencia de que toda la opulencia y supremacía poseían una parte oscura, convenciéndolo de que no debía jamás ansiar o anhelar la riqueza, notoriedad o la situación social y económica del rey.

 

Significado de la metáfora de la espada de Damocles

Cicerón, quién creó la leyenda de Damocles, fue un reputado filósofo y pensador de Roma que logró recibir muchas enseñanzas de distintas corrientes de la filosofía occidental, pero la que más lo influyó fue el estoicismo.

Esta escuela de pensamiento creía que la clave de una existencia llena de felicidad no se halla ni en el dinero ni tampoco en el poder.

El secreto consistía tan solo en que las personas debían aceptar sus propias coyunturas o pormenores históricos e individuales, así como escoger su vida siguiendo siempre sus valores más adecuados.

Por esta razón, explicada en las líneas anteriores, se piensa que la finalidad de Cicerón, cuando contó esta historia de Damocles, era la de probar que el dinero, el poder y los grandes lujos, no son capaces de hacer feliz al ser humano, sino tan solo de manera transitoria.

El gran pensador de Roma creía que aquellas personas que ostentaban el poder, vivian constantemente presionadas y que esta situación les impedía que alcanzaran un estado de alegría y prosperidad duraderos.