La enseñanza del amor

Hace mucho tiempo, hacían vida en las praderas de Norteamérica una tribu, muy conocida, llamada Indios Sioux. Muchas son las historias que sobre ellos se han hecho. Pero hay una que habla del amor profundo y significativo, la que se dio entre dos jóvenes de esa aldea. Toro Bravo, un valiente guerrero y la bella Nube azul.

 

Ellos estaban profunda y sinceramente enamorados, para todos lados iban juntos, y se demostraban su amor a cada instante, su amor emanaba de sus cuerpos. Esto le daba un poco de miedo, y se preguntaban que podrían hacer para que su amor nunca se desuniese y se olvidara. Que no se convirtiera en humo y fuera arrasado por el viento.

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Por más vueltas que dieran, por más que pensarán, que buscaran respuestas, no sabían qué hacer para que su amor perdurara a través del tiempo. Una mañana decidieron pedirle consejo al anciano sabio y jefe de la tribu y fueron hasta su vivienda, esperando que, con su sabiduría, les pudiera dar la solución a su angustia.

 

Pidiendo permiso, y saludando con gran respeto al jefe, el joven enamorado comienza a contar el motivo de su visita:

  • Con mucho respeto me dirijo a Ud. Gran Jefe, esperando que nos pueda ayudar. Esta bella joven y yo, nos amamos con locura, daríamos lo que nos pida porque nuestro amor perdure a través del tiempo, y sea recordado como el amor más grande en todos los tiempos. Hemos pensado que si Ud. les pide a los dioses que nos ayude, nada nos podrá separar.

 

El anciano, que lo había escuchado atentamente y en silencio, alzo su cara para mirar a los dos jóvenes. Se veían realimente enamorados. Les dijo pausadamente, con esa voz de sabiduría, lo que él iba a hacer:

  • No se molestarán a los dioses, hay algo que Uds. pueden hacer

La joven enamorada, miro a su joven amor, y apuro al Jefe para que les dijera que era eso, que ellos podían hacer paras mantenerse juntos por siempre.

 

El anciano comenzó a hablar de nuevo, mirando a la joven Nube azul

  • Subirás a lo más alto de la montaña, donde mamá halcón tiene su nido, atraparas con sumo cuidado al más grande y bello de todos. Aguardaras a que haya luna llena y pasado tres días, vendrás de nuevo a la tribu y me lo traerás.
  • Si así lo haré, le dijo Nube Azul.

El jefe cambio su mirada y le dijo a Toro Bravo.

  • Igual que tu amada, subirás a la escabrosa y riesgosa montaña, donde mamá águila tiene su nido, atraparas con una red a la más fuerte y valiente de todas las águilas que allí viven, esperaras que haya luna llena, después de tres días bajaras hasta aquí y me a traerás sin que esta haya sufrido ningún daño.
  • Sin dudar así lo haré- contesto Toro Bravo.

 

Luego de conversar con el gran jefe, los enamorados, se despiden con un afectuoso abrazo y parten, tomando rumbos distintos, para cumplir con la tarea que le fue encomendada.

 

Al pasar el tiempo que duraban las misiones, los dos jóvenes vuelven camino a su tribu, y se encuentran. Cada uno tenía en sus brazos el encargo hecho. Nube Azul el más imponente halcón y Toro Bravo el águila más poderosa que ningún habitante de esos lugares, había visto jamás.

 

Llegando al tipi del Gran jefe, le enseñan al sabio, el fruto de su encargo. El joven, le dice:

  • ¡Con todo respeto, jefe! ¿He aquí su encargo, ahora que vamos a hacer con ellas?

 

El gran sabio, con un movimiento de su cabeza, indico que no.

  • Para nada. Lo que deben hacer es unirlas por una pata una a la otra, y observen que pasa.

 

Sin saber para qué, ni porque, los enamorados, hicieron lo que el jefe les pidió. Ataron la pata izquierda del águila a la pata derecha del halcón. Y en silencio, observaron lo que pasaba. Las aves querían alzar vuelo, pero por su atadura no lograban hacerlo. Lo intentaban una y otra vez, sin lograrlo.

 

A medida que se frustraba, su intento de volar, que es su naturaleza, las aves mas esplendorosas y fuertes empezaron a lanzarse picotazos tratando de dominar una a la otra, para poder zafarse de esa atadura que les hacía daño, al impedir su vuelo. A lo que incrédulos y temerosos la pareja los observaba con sentimiento de culpa ya que ellos los habían atado.

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El sabio jefe, al ser testigo de esa crueldad, les comentó:

  • Véanse reflejados en ese par de aves. Cada uno tiene sus cualidades y su esplendor. Uno no es más que el otro. Así mismo es en el amor, para que este sea eterno y traspase las fronteras, debe ser libre. Cada uno debe dar lo mejor de sí, para formar una pareja duradera y estable. Solo así lograrán que su amor los fortalezca.

 

El viejo sabio, dejo en libertad al par de aves, que con grandes aletazos alzaron el vuelo a sus respectivos nidos.