Hidalgo y su joya arqueológica, Tula

Ubicada aproximadamente a 85 kilómetros al Norte de la Ciudad de Mexico, en el estado de Hidalgo, la zona arqueológica de Tula, mejor conocida como “La ciudad del rey Quetzalcóatl” se caracteriza por sus grandes construcciones como los “Atlantes“, símbolo que identifica al lugar.

Se fundada por el rey-sacerdote Quetzacóatl tras vengar el asesinato de su padre. Así comenzó un gran periodo de esplendor para los toltecas y hoy, es un atractivo cultural y turístico.

Algunas de las construcciones que conforman esta antigua ciudad son la Pirámide “B” o edificio de los Atlantes,el Palacio quemado, el Altar central, el Coatepantli o Muro de las serpientes, los Juegos de Pelotas y el Tzompantli.

El volumen de las dos pirámides principales no es muy grande, si se compara, con el de las del Sol y de la Luna en Teotihuacán.

De ahí que uno de los principales atractivos del lugar sean las esculturas conocidas como “Atlantes de Tula“, que miden poco más de cuatro metros de altura, labradas en piedra basáltica, hallados en 1940 por el arqueólogo Jorge Acosta.

Los monumentales “Atlantes” custodian la parte superior del Templo de Tlahuizcalpantecutli o Estrella de la Mañana, desde la cual se aprecia toda la plaza principal del sitio.

En la parte trasera de la Pirámide “B” se localiza el Coatepantli o Muro de las serpientes, estructura dedicada a Quetzalcóatl que contiene tres hileras de frisos, de las cuales la central muestra serpientes que devoran individuos semidescarnados, quienes representarían el alma de los guerreros.

Las otras dos presentan grecas escalonadas, mientras que en su parte superior tienen grabados caracoles cortados transversalmente que están asociados a Venus.

La estructura es una muestra de la destreza que tenían los toltecas para labrar piedras. Ese arte también se aprecia en los frisos que recubren la parte trasera del Edificio de los “Atlantes“, los cuales representan a diversos animales, como pumas y águilas.

El edificio más importante de la zona es la llamada Pirámide “C”, localizada en el lado noreste de la plaza. Eso, de acuerdo con las investigaciones del arqueólogo Robert Cobean, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), porque la estructura, probablemente, era el eje de la construcción de la ciudad.

“Vemos cómo el adoratorio está alineado con la escalera central de la pirámide, así como el principal juego de pelota del sitio”, mencionó el especialista. Además, explicó que dicha estructura tiene elementos parecidos a la de la Luna, en Teotihuacán.

“La mayor similitud entre ambas estructuras piramidales radica en que la planta de ambos edificios tiene cinco cuerpos”.

Por otro lado el Palacio Quemado se ubica en el conjunto Oeste de la Pirámide “B” y está conformado por varios cuartos y columnas, así como patios hundidos centrales.

El nombre fue dado por el arqueólogo Jorge Acosta, quien encontró, en la década de los 40, sobre los pisos del edificio abundante carbón, restos de los techos quemados y colapsados.

El atractivo principal de esa estructura son los adosados de muros, vestíbulos, banquetas y altares recubiertos con bajos relieves que representan procesiones de personajes divinos, como Tláloc.