El poder económico de la Iglesia

La iglesia católica en la actualidad, es una de las instituciones que posee mayor peso en todo tipo de sociedad. Ha sido así desde sus orígenes, cuando en Jerusalén y Roma se practicaba el valor de la solidaridad y se compartían los bienes de las personas con la iglesia. Para ingresas a la comunidad cristiana debías compartir lo que tenías.

 

Se han encontrado documentos o cartas que se supone las escribió San Pablo donde se evidencia como debe ser la enseñanza del cristianismo y de cómo cada persona que lo practicara debería actuar. De allí se dieron las bases de la relación Iglesia- Economía.

Mediante declaraciones del Magisterio ordinario una de ellas la “Rerum Novarum” se hablaba de varios aspectos que fundamenta la iglesia actual. Entre ellos tenemos: Los pobres tienen mala situación económica, la riqueza se concentra en pocas manos, la moral pública va en declive, los patronos explotan al obrero, los pobres no están bien defendidos.

En la ciudad de Angers, existieron teólogos franceses que consideraban que los pobres deberían trabajar para los ricos y estos tener más consideraciones y generosidad con ellos. En Bélgica se pensaba que la justicia debería proyectarse mediante la Legislación social.

Para el siglo XIX, los papas eran resistentes a los cambios a consecuencia de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, acerca de la libertad que tenían los obreros sobre su vida social y económica. Pero los escritos de Carlos Marx, sirvieron para cambiar un poco ese pensamiento y ayudo a conformar el pensamiento cristiano y justicia social.

En el Rerum Novarum, se evidencia la forma que se trataban a los obreros que para la época eran pobres, sumisos e indefensos, trabajando para unos patronos, avaros, codiciosos y sin ninguna protección social.

En las encíclicas sociales se evidencian varios temas, algunos de ellos son: El trabajo no debe ser tratado como algo impersonal, sino valorar la nobleza de este, recibir un pago justo por trabajo, respetar la dignidad humana, la propiedad privada puede ser restringida buscando un bien común.

Una gran división de la iglesia.

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La Iglesia española se dividió en dos grandes grupos u órdenes: Los sacerdotes que no dependen de ninguna orden, pero cumplen los mandatos de los obispos formarían el Clero Secular y los sacerdotes que están bajo el dominio de su propia orden se organizarían en el Clero Regular.

A partir de 1494 Alejandro VI, hablo por primera vez del Diezmo, como una especie de impuesto que lo conformaba la décima parte de las ganancias anuales de cada persona del reino. Podía calcularse en base a sus inmuebles, propiedades, ganado y hectáreas de tierra. También se tomaban en cuenta los bienes comerciales.

Con este tributo, los sacerdotes cubrían sus necesidades básicas, pagaban el impuesto a la corona. Lo que sobraba se lo mandaban al Papa, y este le daba el uso que el mejor consideraba pertinente.

Poco a poco las órdenes de la Iglesia fueron conformando un patrimonio bastante surtido de haciendas, terrenos, propiedades que sus dueños fueron dando como ofrenda. El Virreinato les daba a ciertos colegios una especie de comodato, porque estudiaban niños pobres, aunque así se evidenciaba que la iglesia era la dueña de las instituciones cosa que iba con sus principios.

Los agustinos, tomaron las extensiones de tierra para la cría de ovejas, algunas de ellas para el consumo de su orden y otras se colocaban a la venta, lo que les proporcionaba fuertes ingresos. Por medio de las Capellanías la Iglesia también empezó a tener fuertes y constantes ingresos.

Estos ingresos eran generados por una especie de hipoteca sobre los bienes inmuebles de las personas que necesitan el servicio de un Capellán.

Beneficios colectivos del pueblo según la iglesia.

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El Papa Pablo VI, estableció diferencias entre lo que significa el desarrollo de los pueblos y la industrialización, fortaleciendo la teoría que el individuo no puede actuar por sí solo, ni en su solo beneficio, sino que debe actuar en un beneficio colectivo. El Papa Juan Pablo II, hizo fuertes críticos al sistema Capitalista.

Juan Pablo II, afirma que el individuo debe trabajar para cubrir sus necesidades para poder vivir y no vivir para poder trabajar. Da las primeras bases de considerar al obrero o trabajador parte de la empresa donde se desarrolla. Habla de la formación del personal en vías de ser más productivo y con sentido de propiedad.

Es uno de los primeros que habla del sistema de copropiedad de los medios de producción como una especie de cooperativa. Para finales de la década de los ochenta, con la caída del sistema soviético, sale a flote la encíclica Solicitudo rei socialis, dándole fuerza a la iniciativa económica de los trabajadores.

Para 1991, Juan Pablo II establece una dualidad en el capitalismo. Por una parte, se ve como el sistema que permite a las empresas desarrollar un papel sólido fundamental y positivo, junto con la empresa privada, sumado a la posible creatividad de sus trabajadores, y por otro lado el desarrollo laboral no esta establecido en un contexto jurídico a favor de la libertad humana de ser creativo en el sector económico.

Igualmente se analiza el ámbito cultural- ético de este sistema económico, donde solo se ve al ser humano como un consumidor o un productor solamente y no se valora la calidad humana y religiosa del hombre.

Todo lo antes expuesto nos da una breve visión de cómo la Iglesia ha podido formar a través de la historia su poderío económico, que no solo es en activos, oro, dinero en efectivo, sino propiedades, acciones, inmuebles, consorcios, tierras, servidumbre y esclavitud.

La iglesia pasa a formar uno de los más grandes emporios del mundo. Teniendo su base central en Ciudad del Vaticano. Estado soberano cuyo dirigente principal es el Papa. Se puede considerar que en este país hay una teocracia en manera de monarquía absoluta.

Este país se mantiene gracias a los ingresos que recolecta todas las organizaciones católicas del mundo, por medio de acuerdos llamados Concordatos, las donaciones personales y empresariales.