El perrito que no podía caminar

El perrito Bo siempre había sido muy obediente y respetuoso con sus dueños, le encantaba pasar tiempo con su familia; pero el perrito BO no podía caminar porque cuando nació, le detectaron una parálisis en sus patitas traseras. La niña Amina, que fue quien lo habría adoptado y lo vio al momento de nacer, inmediatamente les dijo a sus padres que quería que estuviera en su casa como su mascota, porque de lo contrario lo iban a sacrificar donde se encontraba antes.

Imagen cortesía de pixabay.es

Amina y Bo se hicieron amigos de manera muy rápida, pasaban una gran parte de los días juntos jugando; el perrito hacía lo que estaba en su alcance para moverse solamente utilizando sus patitas traseras, pero igualmente al no poder mover las traseras, era completamente incapaz de saltarse y, por consiguiente, apenas podía moverse.

Bo sabía que era incapaz de hacer estas cosas, por lo cual intentaba comunicarse con Amina a través de los ladridos, a pesar de las dificultades que tuvo su camino, Bo ladraba para pedir la cosas que necesitaba a Amina y había vivido su vida como un perro feliz, llenando de felicidad y buenas vibras la casa de Amina.

Un día los padres de Amina llegaron con su prima Adela, la cual pasaría con ellos una temporada en la casa, Bo, naturalmente se había arrastrado hacia ella para recibirla con felicidad moviendo la cola, pero Adela lo había mirado feo desde el primer momento y se echó a llorar cuando lo vio.

Bo intentaba hacer que Adela estuviera feliz, no se rendía e intentaba con cualquier tontería que se le viniera a la cabeza, pero nada podía hacerla reír y Adela no cesaba su llanto.

-Tranquilo Bo, no te preocupes, le decían los padres de Amina; ya pronto se le pasará a Adela, es que está muy triste porque sus padres están en un país pobre y en guerra, es por eso que ha tenido que mudarse con nosotros y separarse de su familia.

Bo, aparentemente había entendido lo que le habían dicho los padres de Amina y no siguió ladrando ni intentando hacerla sentirse mejor, solamente se quedó a su lado, ofreciéndole su compañía.

Pasaron un par de días y Bo no se apartaba de Adela, intentando que jugara con el desesperadamente, aunque Adela no le hacia ningún caso e incluso intentaba esconderse de él. Bo no se daba por vencido e intentaba jugar con ella, pero cuando pasaba mucho tiempo sin hacerle caso, Bo jugaba con Amina y por lo menos eso funcionaba para que Adela dejara de llorar.

Un día, Amina no se encontraba en la casa y Bo se dispuso a intentar  nuevamente a jugar con Adela, pero como Adela nunca le hacía caso Bo intentaba moverse desesperadamente y, en sus intentos chocó con una mesa de una manera tan abrupta que de la mesa se colmó un vaso de leche, cayendo todo su contenido en su cabeza y cuerpo. Bo estaba completamente empapado de leche, el vaso no se quebró pues era de plástico, pero el pobre Bo estaba paralizado del susto que se había llevado.

Adela cuando lo vio cubierta de leche, se quedó mirando perpleja por unos segundos cuando inesperadamente comenzó a reírse mucho acerca de la situación que estaba pasando, le hacía mucha gracia ver a Bo cubierto de leche y la cara de pánico que tenía este.

Cuando Bo vio que Adela se reía, comenzó a limpiarse la leche y seguía haciendo tonterías para que la niña se riera, Adela se alegró muchísimo y permaneció el resto de los días felices.

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Solamente Bo, había logrado traerla felicidad a la casa nuevamente, a pesar de ser un perrito diferente a los demás, solamente él pudo traer de vuelta el optimismo a ese hogar.