El granjero y el tejón

Érase una vez, un granjero muy anciano, que vivía muy lejos de todo, siendo el tejón su único vecino, pero no amigo, ya que este, se encargaba de comerse y destruir las verduras que, con tanto cuidado, el grajero había sembrado.

Ya cansado de la situación, decidió ponerle fin y cazar al animal una vez por todas. Así que día tras día y noche tras noche, espero al malicioso animal. Por lo que, una vez lo logró capturarlo, el grajero estaba muy feliz y con una enorme sonrisa en su rostro. Por fin, le daría el castigo que el malicioso roedor se merecía.

Fue entonces que puso al tejón en una jaula y se dispuso a hervir un enorme caldero lleno de vegetales, el tejón, iba a ser el plato principal del granjero esa noche. La idea de ser comido era muy cruel para el tejón, él no quería terminar así, tenia que pensar en algo. Fue entonces cuando vio al granjero, golpeando la cebada, se veía muy cansado y con mucho sudor en la frente, por lo que, sin pensarlo dos veces le pregunto al anciano:

– ¿Puedo ayudarte con eso?

El granjero extrañado le respondió

– ¿Qué es lo que pretendes con ello?

-Solo ayudarlo con un trabajo que yo, puedo realizar fácilmente.

– No necesito que me ayudes, pues, si te liberó seguro escaparás

El tejón ya un poco impaciente, le aseguró que no lo haría y que confiará en él, pues una vez terminada la labor él podría volver a encerrarlo. Fue entonces que el grajero creyendo en sus palabras lo libero, y le dio los instrumentos que debía usar para la labor. Pero muy lejos de cumplir su promesa, el tejón le pego al anciano y escapó.

Ya enfadado y con ayuda de un mechero, quemó el hogar del tejón, dándose a la fuga sin que este lo viera. Por lo que, una vez el tejón se percató de lo sucedido, trato de salvar su hogar, pidiéndole ayuda al granjero. Pero fue en vano.

Ya sin un lugar a donde ir, entendió lo que sentía el granjero, entendió lo que es perder lo que tanto esfuerzo se había creado. Por lo que, fue a la casa del granjero, para solo disculparse, la culpa lo mataba, y quería desahogarse. Una vez pidió disculpa y se dispuso a encontrar un nuevo lugar a donde vivir, el grajero lo admitió en su hogar para sorpresa del tejón, dándole sabrosas verduras y un lugar en la casa donde dormir.

El tejón llorando y arrepentido por el acto bondadoso del granjero le prometió pagar por todas las verduras y frutas que robo, como pago por su buena acción, cosa que el grajero, ya olvidándose de los problemas del pasado, acepto.

 

Reflexión.

El que mal actúa solo consigue desgracias, dañando no sola su reputación con los demás, sino así mismo. Es mejor hacer las pases con la vida. Siempre hay nuevos caminos y nuevas posibilidades, no siempre debemos vivir con una marca. El perdón sincero y las disculpas bien hechas, traen benéficos enormes de quien aprende de sus errores.