El dueño del cisne

Los cines son unos animales sorprendentemente hermosos, con un cuerpo esbeltos y entran dentro de los animales que muchos quieren tener como ‘’mascota’’. También puede decirse que son animales de apariencia delicada, además de que sus cuidados representan mucho esfuerzo y se necesita dinero, por lo que solo una persona pudiente podría costearlo. De esto se trata la fábula de hoy.

Un hombre se había enterado de que los cisnes eran animales que podían dar bellos cantos y entonar hermosas melodías, pero solamente podían hacerlo en un momento trágico de sus vidas, es decir, que solamente podían entonar dichas notas cuando estuvieran a punto de morir. El hombre decidió comprar un cisne, buscó el más bello, costoso y el que ‘’mejor cantaba’’ porque así lo pidió en la descripción acerca de cómo lo quería.

El hombre se llevó al precioso animal a su casa, esperanzado de que sería una de las atracciones principales de su casa, siendo motivo de envidia entre el resto de los vecinos y diversión sin fin para sus amigos; lo que él no sabía era que solamente los cisnes eran capaces de entonar dichas melodías antes de morir.

Llegada la primera noche con el cisne en su casa, el hombre estaba tan pero tan emocionado que decidió organizar una fiesta, invitando a todos sus amigos y vecinos solamente para que fueran a ver el cisne, como si se tratara de un tesoro muy exótico que se había encontrado.

El hombre le pidió al cisne, una vez que estaban todos sus amigos reunidos que entonara una bella melodía para poder exhibirlo como se debía, pero se quedó con una cara de decepción y enojo sorprendentes cuando se dio cuenta de que el cisne estaba completamente en silencio, no emitía ni el más mínimo sonido.

Fueron pasando los años y el hombre se sentía que había desperdiciado su dinero en el hermoso cisne, y más aún porque tenía que seguir pagando los gastos para su mantenimiento y alimentación, sin embargo, todos los días le pedía al cisne que el cantara algo, como forma de probar su suerte a ver si ese día el cisne estaba de ganas de entonar, pero nunca pasaba.

El hombre nunca dejó de dar los festines, porque sentía que era una oportunidad maravillosa para apreciar al cisne en caso de que quisiera entonar la melodía y así todos sus vecinos y amigos lo iban a escuchar.

No obstante, no fue hasta que el cisne se sentía completamente viejo y cansado, a punto de partir de este mundo hacia la otra vida que se dispuso a entonar uno de los cantos más bellos que jamás (literalmente) había entonado en su vida, uno tan hermoso que los oídos humanos nunca habían escuchado antes.

El hombre había quedado totalmente perplejo con esto, se encontraba totalmente solo en su casa y quedó asombrado de que el cisne, antes de morir entonara un canto tan hermoso, estando él completamente solo, lo cual lo hizo reflexionar acerca de sus errores, el hombre pensó:

-Tuve que haber sido un gran idiota porque solamente quería que mi cisne entonara una melodía frente a mis amigos, de saber que al momento de hacerlo significaba que se iba a morir o lo que significaba su canto, le hubiera pedido otra cosa. El hombre decía estas palabras porque a pesar de todo lo que le había pasado con el cisne, se había convertido en su mascota y de cierta forma, un compañero para él.

El hombre por fin fue capaz de comprender que las cosas más hermosas en la vida no pueden ser apresuradas, sino que hay que dejar que lleguen en el momento para el cual están preparadas, el momento oportuno.