El congreso de los ratones

En la despensa de una casa ubicada en los suburbios de la vieja Londres, se hallaba escondido el hogar de una familia de ratones.

 

La numerosa familia vivía un temor constante por la presencia en la casa de un gato enorme que no les permitía salir en búsqueda de la comida para cada día. No importa a qué hora del día intentaran salir por un poco de alimento, el temible enemigo siempre estaba ahí, al asecho esperando la más mínima oportunidad para cazar a uno de los desafortunados ratones.

El miedo era tal que ya los ratones no querían salir de su madriguera, lo que hacía que los miembros de la familia se encontraran tremendamente hambrientos. Ya desesperados, decidieron de una vez por todas poner fin a este gran problema por lo que, a petición del gran jefe, el ratón más viejo y sabio de todos, se reunieron en una gran asamblea.

 

En la gran asamblea se reúnen todos los ratones que conforman una familia, o por lo menos todos los que importan, y vaya que las familias de ratones son numerosas.

 

Al empezar la asamblea, el jefe de los ratones, con tono severo y algo preocupado pero sereno como siempre, les dice a todos los presentes:

 

– Hermanos míos, les he mandado a reunir para que, entre todos, encontremos una solución a este apremiante problema que nos aflige. Para ninguno de los aquí presentes es secreto que el asecho constante de nuestro gran enemigo, el gato, se ha convertido en una amenaza para nuestra supervivencia. El hambre que padecemos hace necesario que tomemos medidas inmediatamente.

 

– Enseguida uno de los ratones levanta la voz: ¡Pido la palabra! -dijo el pequeño pero muy atento ratón

 

– Tengo una idea que podría ser la solución para poner fin a toda esta situación, es realmente simple, ¡no sé cómo no se le ocurrió a nadie antes! Si ponemos un cascabel en el cuello de la enorme bestia podremos escucharlo venir a la distancia, esto nos dará tiempo suficiente de ponernos a salvo antes de que el gato se encuentre cerca y represente algún peligro real para nosotros.

 

Somos veloces y su sigilo es la habilidad del gato que más nos hace daño, si le quitamos eso, pues, no debemos temer al gran gato más, podremos salir y alimentarnos cuando quedamos, solo deberemos estar atentos al ruido del cascabel.

 

Luego de un instante de silencio en la habitación, todos los ratones presentes, maravillados por la brillante propuesta del ratoncito, estallan en aplausos, bufidos y demás alabanzas al orador.

 

De repente, entre la multitud se escucha el grito de una voz severa que delata la edad de su dueño: -¡Silencio!- gritó el gran jefe. Todos los presentes asombrados guardan silencio de inmediato para prestar atención a lo que tiene que decir.

 

Me parece excepcional su idea, pequeño amigo, pero queda un punto muy importante de su idea pendiente: ¿Quién será el Valente ratón que se dé a la tarea de ponerle el cascabel al gato?

 

Nuevamente se hace el silencio en la habitación, absolutamente todos los ratones presentes en aquel lugar quedaron enmudecidos ante la incapacidad de responder aquella pregunta. Ni el mismo ratoncito autor de la idea en cuestión fue capaz de defender su idea con una respuesta.

Repentinamente ya no era el silencio lo que dominaba la habitación, era una atmosfera apremiante de miedo. Y tan rápidamente como todos aquellos ratones habían estallado en júbilo hace unos instantes, ahora echaron a correr a toda prisa, dejando la habitación, casi por completo, vacía. Sólo quedó atrás el más viejo de todos los ratones.

 

Todos volvieron temerosos, llenos de tristeza y aun con hambre a sus cuevas. Moraleja de la historia: A todos les resulta más fácil proponer ideas que llevarlas a cabo.