Biografía de Isidoro de Sevilla

¿Quién fue Isidoro de Sevilla?

Isidoro de Sevilla o San Isidoro es muy popular en la religión católica cristiana por ser uno de los símbolos venerables por sus creyentes. Pues a pesar de haber sido un ser humano, sus acciones a favor del pueblo fueron extraordinarias, así como su entrega total al catolicismo, por eso, la santa sede lo vanaglorió con el nombre de “Santo”.

Por ende, es una de las representaciones de mayor orgullo de la ciudad de Sevilla, pues sus aportes a la humanidad fueron importantes y su obra fue la de mayor auge en su época, convirtiéndolo en uno de los hombres más sabios del momento.

 

Isidoro de Sevilla llegó a una familia que nació para hacer historia

Hay muchas especulaciones acerca del origen de esta particular familia, pero escritos revelan que pertenecían a una distinguida clase de la época, oriunda de Cartagena pero que se ve obligada a migrar a Sevilla, cuando el Imperio Bizantino comandado por Atanagildo conquista este territorio español. Sin embargo, se especula que Isidoro de Sevilla nace en su núcleo central en Cartagena a mediados del año 560 después de Cristo.

Isidoro, fue el menor de 4 hermanos producto de la relación entre Severiano o Severino y su madre Teodora o Túrtura, de la cual se sospecha, tenía lazos consanguíneos con la realeza. Sus otros hermanos son Leandro, Fulgencio y Florentina, cuya participación activa dentro de la iglesia católica, los llevaría más adelante con Isidoro a la canonización por parte del papado y ser reconocidos como los “Cuatro santos de Cartagena”.

Sin embargo, los últimos estudios revelan, que siendo Isidoro un niño, los cuatro hermanos quedaron huérfanos, por razones que aún se desconocen, por lo que asumió el cuidado de todos, el mayor de ellos, Leandro. Existen muchas leyendas acerca de esta muy joven familia, pues se le atribuye a Leandro de haber tenido un carácter fuerte y que un día Isidoro pequeño se escapó y al regresar su hermano lo castiga encerrándolo y lo envió a un monasterio a recibir educación.

Obra de San Isidoro de Sevilla

Siempre fue una persona repleta de buenas intenciones y siempre en favor de ayudar a los que más lo necesitaban, su obra se expande más allá de las fronteras de la religión, pues su capacidad intelectual lo posiciona como uno de los académicos más importantes de los inicios de la Edad Media.

Entre sus impresiones más importantes se encuentra la aceptación e inserción en la sociedad católica del pueblo de los Visigodos, también el haber liderado el Concilio de Toledo número cuatro, dónde impulsó la educación en todas las escuelas catedralicias. Además escribió libros de carácter filosófico, científico e histórico, destacando en materias de Astronomía, historia natural, teología y Etimología, ésta última un compendio de 20 producciones basadas en religión, historia, letras, arte, lingüística, derecho, cosmología, entre otros, siendo muy demandados durante la Edad Media y parte del Renacimiento.

 

Últimos años, muerte y canonización

A pesar de contar con muchos años de edad, su pasión en la rama religiosa siempre se mantuvo, pues para el año 633 cuando contaba con más de 90 años aproximadamente, continuaba presidiendo el Concilio de Toledo.

Trabajó arduamente en este Concilio, siempre impulsando la educación, la aceptación, la unificación de los pueblos y su intervención en el aspecto político, pues consideró que la iglesia debía trabajar a pesar de ser un organismo independiente, de la mano con el rey. Pues, creía que los reyes eran un mandamiento de Dios, para gobernar correctamente a los pueblos.

Finalmente, la historia termina el 4 de abril del año 636, cuando fallece en la ciudad de Sevilla. Su cuerpo fue sepultado a las afueras de la ciudad, sin embargo, casi 400 años después, una parte de ellos fueron trasladados a las Basílica de San Isidro de León, dónde actualmente permanecen y la otra parte se encuentra en la Catedral de Murcia. En el lugar de sepultura inicial, fue construido un Monasterio en su honor.

La canonización fue en el año de 1598 y pasaron 124 años, exactamente para el año 1722 que el entonces papa Inocencio XIII, declara a San Isidoro de Sevilla como “Doctor de la Iglesia”. Actualmente es venerado en múltiples localidades del mundo.